Golosinas

Las chucherías o golosinas son productos dulces con colores y formas llamativos y divertidos, destinados al consumo de los niños, cuya composición es muy variable, aunque todas contengan una cantidad muy importante de azúcares.

Todas suelen llevar cantidades significativas de productos químicos como colorantes, sustancias para darles sabor, otras para mejorar la textura, etc.

Por esto debemos acostumbrar a los niños a tomarlas de forma esporádica y en pequeñas cantidades.

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Además de azúcares de distintos tipos y procedencias, las golosinas pueden contener grasas, saturadas y nada saludables, gomas, y diversas sustancias encaminadas a hacer más atractivo y grato el producto para sus consumidores habituales: los niños.

Aunque no son sólo ellos quienes las toman. A veces descubrimos que los papás o los abuelos toman tanto o más que los niños.

Hace tiempo ya que aparecieron en el mercado los chicles y los caramelos sin azúcar, y desde entonces su consumo ha ido en aumento: cada vez se hace más caso de los consejos de los dentistas de no abusar de las chucherías para evitar las caries y otros problemas dentales.

El consumo de chicles sin azúcar alcanza en el mercado un 30 % de las ventas totales de chicles, y también aumenta el consumo de caramelos sin azúcar.

Además, afortunadamente hay golosinas cuyo consumo es ciertamente aconsejable. Este es el caso de los chicles que previenen la aparición de caries o caramelos que actúan descongestionando la nariz.

Ahora hay en el mercado chicles, de menta y de fresa, de larga duración y distinta intensidad de sabor, que tienen además otras funciones como contribuir a blanquear los dientes, combatir el mal aliento o prevenir la caída de los dientes.

Incluso se están estudiando distintos tipos de dulces según vayan dirigidos al consumo de niños o de adultos, aunque parece que no es nada fácil el tema.

En cualquier caso sí que existen golosinas menos dañinas que otras. Como siempre, aquí juega un papel importante el tiempo que dediquemos a nuestros hijos, enseñándoles a distinguir y preferir los dulces más sanos y menos dañinos para su salud. Además es importante no tomar esos dulces antes de las comidas, para no interferir en una correcta dieta.

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Edulcorantes, colorantes, estabilizantes…

En los alimentos elaborados encontramos, además de los propios alimentos, una cantidad muy variada de sustancias: edulcorantes, estabilizantes, acidulantes, colorantes, potenciadores del sabor,…

Y nos surge una pregunta ¿afectan estas sustancias a la calidad de nuestra dieta, o a nuestra salud? Sin duda.

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En primer lugar conviene separar las sustancias que se añaden a los alimentos, cualquiera que sea su fin, y que son inocuas, es decir, no tienen efectos negativos en nuestra salud, y aquellas que sí pueden dañarla.

Por ejemplo el zumo de limón se utiliza como conservante (por el ácido cítrico), y es una sustancia sana.

Pero los científicos hablan más bien de cantidades permitidas y cantidades que no deben superarse de un determinado aditivo en el alimento.

Por esta razón, una vez más debemos hacer hincapié, en lo importante que es leer la composición de los alimentos elaborados antes de comprarlos, para saber lo que llevan y en qué cantidades.

O, para ser más claros: si consumimos a diario muchos alimentos con estas sustancias, al final podemos sobrepasar ampliamente las cantidades que se consideran seguras para la salud.

Esto no tiene nada que ver con aquellas personas que consumen sus guisos hechos en casa con alimentos frescos y sólo excepcionalmente consumen un alimento envasado o lo hacen esporádicamente.

Pero también muchas personas (jóvenes sobre todo) tienen sumo cuidado en alimentarse bien, y no se dan cuenta de la cantidad de sustancias potencialmente tóxicas o no muy saludables, que ingieren con refrescos o zumos y toda clase de bebidas isotónicas o no, en lugar de beber agua.

En resumen: tomar algo que contenga sustancias añadidas para conservarlas, potenciar el sabor, endulzarlas, etc. no tiene importancia; y sí la tiene el hecho de que todos los días tomemos comida y refrescos con esas sustancia, porque son pequeñas cantidades de muchas cosas que acaban siendo cantidades importantes que sí inciden de forma significativa en nuestra salud.

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Dieta para cuidar la mente

La glucosa es el alimento básico de las células del cerebro, de las neuronas. No pueden utilizar proteínas ni grasas, sólo glucosa, para obtener energía.

El estrés dispara la secreción de hormonas, el cortisol entre ellas. Estas hormonas dificultan o frenan la llegada de glucosa al cerebro, y sin glucosa las neuronas mueren por inanición.

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Por lo dicho, si queremos evitar el deterioro de nuestro cerebro y de las actividades cerebrales  que se produce por la deficiente conexión entre neuronas, y que tiene lugar en situaciones de angustia o estrés, tenemos que alimentar bien a nuestro cerebro.

El nutriente fundamental del cerebro es la glucosa.

Otros órganos pueden generar glucosa a partir de proteínas o grasas, pero no el cerebro, que sólo es capaz de metabolizar esta sustancia.

Por ello, aunque muchas dietas y regímenes adelgazantes supriman casi en su totalidad los hidratos de carbono, debemos indicar que esto es una barbaridad. Los niveles de glucosa deben mantenerse, en sangre, dentro de unos límites, para que nuestro organismo funcione de forma adecuada y el cerebro no sufra déficit de esta molécula fundamental y básica para mantener una actividad normal.

Además, el aminoácido triptófano llega al cerebro junto con glucosa , y gracias a ella.

Este aminoácido es imprescindible para la formación de un neurotransmisor nervioso, la serotonina, que es la responsable de que tengamos buen tono vital y controlado el centro del hambre del cerebro.

Y más: todas las células de nuestro cuerpo son capaces de utilizar glucosa para obtener la energía que necesitan para su actividad. Y esta molécula, la glucosa, es la que les resulta más fácil de transformar. Es decir, si a nuestro hígado le damos glucosa, le hacemos trabajar menos que si tomamos proteínas o grasas. Dar grasas o proteínas a un órgano, para obtener energía, supone que le estamos haciendo trabajar mucho más, lo estamos forzando, y ello puede tener repercusiones negativas para la salud.

Es muy importante que asimilemos que la glucosa en particular y los hidratos de carbono en general, no son nuestros enemigos, ni enemigos de una buena dieta y una figura estilizadas, al contrario, son nuestros grandes aliados para perder peso, ganar calidad de vida y bienestar y mantener sano nuestro cuerpo.

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Bajar el ácido úrico

Si tienes problemas con el ácido úrico, vamos a intentar ayudarte mejorando tu dieta, para que disminuyan los valores de ácido úrico en sangre, porque esto puede derivar en complicaciones para la salud.

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El hígado es el órgano donde se producen gran parte de las reacciones químicas mediante las cuales son metabolizadas muchas sustancias, para poder ser eliminadas del organismo. Pues de otra forma, se acumularían, intoxicándonos.

El ácido úrico es un producto al que se llega por la degradación de las proteínas. Una vez en sangre debe ser eliminado a través de los riñones con la orina. Pero si las cantidades de ácido úrico son muy grandes, sólo es eliminado en parte a través de los riñones, y el resto se acumula y deposita en forma de cristales  en las articulaciones provocando inflamación y dolor intenso (proceso conocido como gota), o bien en forma de cálculos renales (en los riñones, claro).

Hay factores que inciden en la aparición de niveles altos de ácido úrico y sus consecuencias, y que pueden ser modificados. A veces, el factor más importante es la herencia genética recibida, pero, puesto que esto no podemos modificarlo, al menos por ahora, hablaremos de dos de ellos que sí podemos cambiar: la alimentación y el sobrepeso.

El sobrepeso siempre lleva aparejado un trabajo extra del hígado, porque es donde mayoritariamente se metabolizan las grasas, las proteínas y gran parte de las sustancias nocivas que llegan al organismo y deben ser degradadas o preparadas para poder eliminarlas por orina, heces, o a través de la piel.

El ácido úrico se forma en el hígado sobre todo. Si tratamos de darle menos trabajo al hígado, mejor.

Además, la dieta debe tener menos carne roja, pescado, vísceras y embutidos, que son los máximos responsables de la elevación del ácido úrico.

Los tomates, los espárragos, habas, lentejas, y el marisco, hay que tomarlos de vez en cuando, sin abusar. Y mejor no tomar alcohol.

Conviene subrayar que la fructosa añadida (no la de la fruta) a productos elaborados como galletas o zumos son responsables de la elevación de los valores de ácido úrico en sangre. Por esto conviene leer siempre la composición de todos los alimentos elaborados que compremos.

La aparición de valores altos de ácido úrico suelen ir asociados a la edad (es raro que aparezcan antes de los 35 años), y con la edad, necesitamos menores cantidades de proteínas y grasas, y conviene aumentar el consumo de verdura, hortalizas y frutas, además de patatas, arroz y pasta.

En ciertas zonas de Japón viven las personas más longevas. Su alimentación se caracteriza por bajo consumo de proteínas y grasas y la abundancia de verdura que se consume cruda o poco elaborada.

El ayuno prolongado facilita la formación de residuos en el organismo que dificulta la eliminación de ácido úrico: por lo que conviene no pasar muchas horas sin comer.

Por último recordar que bebiendo mucho agua, estamos facilitando la eliminación de ácido úrico por orina. También contribuye a ello una dieta baja en sal.

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Comer pocas veces mucha cantidad

 

Parece comprobado que lo que más engorda es comer pocas veces grandes cantidades de comida.

La dieta mediterránea sugiere, además de tres comidas principales (desayuno, almuerzo y cena), al menos un par de tentempiés o aperitivos.

Todos conocemos a alguien, que casi siempre por razones de trabajo, no sabe cuándo comerá. Estas  personas dicen preferir comer bien cuando puedan hacerlo de forma relajada y tranquila: y entonces se comen todo lo que está a su alcance.

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 No sólo comen todo lo que encuentran, es que, además lo hacen de forma compulsiva, muy rápido sin darse tiempo a sentirse saciados porque la ansiedad acumulada no se lo permite.

Además no disfrutan esas comidas, ni las saborean. Al final, cuando quieren darse cuenta ya no tiene remedio: se sienten incómodos por el exceso engullido, y mal psicológicamente porque son conscientes del abuso cometido. Pero ya está hecho.

 ¿Qué podemos hacer ante este tipo de problemas?

Mucho. La solución es extremadamente sencilla. Nos explicaremos.

Si tenemos un tipo de trabajo que nos impide conocer con antelación cuándo podremos comer, y por tanto planificar las comidas, lo mejor es preparar alternativas que nos permitan tomar pequeños tentempiés sobre la marcha, que es la forma más práctica de no pasar demasiado tiempo con el estómago vacío.

También si tenemos un trabajo en que cualquier día puede alterarnos los horarios de comidas, podemos tener a mano esos tentempiés citados.

¿Qué podemos tomar en esos momentos?:

Haremos una pequeña lista (complétala o cámbiala como te plazca siguiendo tus gustos y posibilidades):

-8-10 almendras tostadas (puedes guardar un tarro hermético con ellas en la oficina),

-Barritas energéticas (envasadas al vacío en envases individuales),

-Una chocolatina de chocolate negro,

-una fruta (manzana, una naranja, plátano….)

-Un yogur,

-un café con leche,

-un mini-bocadillo,

-unos colines,

-unos caramelos,

-una zanahoria, un tomate….

Si eres seguidor de la dieta mediterránea encontrarás aún más alternativas.

 Pasar muchas horas sin ingerir nada es una barbaridad desde todos los puntos de vista. Nuestro organismo necesita reponer el gasto energético regularmente, y si pasamos horas sin tomar nada, el efecto inmediato es que gastaremos menos calorías tratando de ahorrar. Es decir, baja el metabolismo, y, consumiendo lo mismo engordaremos porque bajamos el gasto. Esta es una de las primeras reacciones de nuestro organismo cuando tardamos en comer.

En resumen: si comemos más, como consecuencia de la ansiedad acumulada por las muchas horas pasadas sin consumir nada, y además gastamos menos, estamos haciendo la mejor dieta para ganar peso.

Si te gusta la dieta mediterránea encontrarás de esto y mucho más,  comprando ahora mi libro “Régimen Para Adelgazar Para Personas Que Se Quieren

 

 

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