Rutinas sanas

Acostumbrar a los niños desde muy pequeños a llevar una vida organizada y ordenada, en la que se incluyan los deportes y el ejercicio diario regular y saludable, tanto en tiempo dedicado como en que sea adecuado a la edad, las comidas sanas y a horarios establecidos y razonables, hará de ellos adultos equilibrados que seguirán haciendo, sin esfuerzo lo que aprendieron desde corta edad.

Somos animales de costumbres, y lo normal para nosotros es todo aquello que estamos habituados a hacer: si en casa se cena verdura casi cada noche, cuando no la tengamos la echaremos de menos, y la buscaremos.

Si no abusamos de la sal, el día que nos pongan una comida salada, la rechazaremos. Pero le pondremos sal si lo cotidiano para nosotros es tomar platos con mucha sal.

Hagamos de nuestros niños futuros adultos sanos que no abusen de la sal, que tomen las comidas lo menos elaboradas posible, abundantes en verdura y pescado y con las grasas justas (y siempre que se pueda aceite de oliva y no otras). Que tomen dietas con mucha fruta fresca, y ensaladas. Que disfruten y saboreen comidas sanas, induciendo a sus familias y amigos a cuidar su alimentación y su salud, mejorando así su calidad de vida.

Si desde pequeño aprendes a saborear los platos poco elaborados con verduras “al dente” (cocidas sólo lo justo o al vapor), con poca sal, sin salsas grasientas, …. Es de esta forma como seguirás haciéndolo cuando asumas tú la responsabilidad de tu alimentación. Y también habituarás de esta forma a tus hijos e influirás en tu entorno para que lleven una sana alimentación y sean conscientes de lo que consumen y de su relevancia para prevenir enfermedades y conservar la salud.

Si vas a tomar encurtidos (pepinillos, zanahorias, cebollitas, aceitunas), antes de añadirlos a una ensalada o a cualquier plato, déjalos un ratito en agua para que pierdan parte de la sal que han absorbido cuando los prepararon.
Si vas a utilizar legumbre o verdura que has comprado envasada ya cocida, lo mismo: déjala en agua un cierto tiempo para que pierda sal.

Estos trucos parecen tonterías, pero no lo son: con ello evitas tomar exceso de sal.
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La Sal

Estamos oyendo continuamente, lo importante que es prevenir enfermedades.

Pues bien, la sal es un nutriente, que si bien es necesario que lo tomemos con los alimentos, su abuso produce más problemas que beneficios.

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La sal es la responsable de que tengamos alta la tensión,  y también contribuye a fijar las grasas en las paredes de las arterias, con lo cual éstas pierden elasticidad, y ejercen su función de transportar la sangre de forma menos eficaz. Pero, además, no beneficia nada al buen funcionamiento de los riñones y contribuye de manera importante a retener agua.

Tomamos sal con las comidas que elaboramos en casa, y con muchos alimentos que compramos ya listos para consumir, y que se preparan con grandes cantidades de sal en muchos casos (porque la sal hace que los alimentos se conserven en buen estado más tiempo).

Hagamos un somero recuento de alimentos que contienen mucha sal, y cuyo consumo debemos restringir:

-Encurtidos (pepinillos, cebollitas, guindillas, zanahoria, apio,….),

-aceitunas (negras, aliñadas, rellenas,….),

-quesos (todos los quesos),

-embutidos (todos sin excepción),

-fiambres (todos),

-conservas de pescado (todas),

-otras conservas: tomate, espárragos, berenjenas, pimientos,…

-platos elaborados en conserva,

-platos precocinados.

También debemos incluir aquí las legumbres (lentejas, garbanzos y judías), y las verduras (acelgas, judías verdes,…) que se venden “sólo cocidas”. Todas ellas llevan cantidades importantes de sal.

En resumen: alimentos altamente recomendables como son las verduras y legumbres, por ejemplo, pueden ser muy dañinos si los tomamos con grandes cantidades de sal.

No vale aquello de “tengo prisa” y necesito preparar algo rápido: cocer unas judías verdes congeladas, no necesitan más que 10 minutos…Entonces ¿qué es lo que falla?

pues sencillamente que no estamos mentalizados y no damos a nuestra alimentación la importancia que tiene. Es importante para prevenir enfermedades y mantenernos sanos y en la mejor disposición psicológica posible.

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Olor Corporal

En el olor corporal intervienen una serie de factores tales como la genética, el sexo, el estado hormonal, el ejercicio físico, el estado emocional (estrés) y la alimentación, fundamentalmente. 

Sí, hay alimentos que provocan un olor corporal más fuerte, y otros que evitan el mal olor.

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Los alimentos ricos en azufre liberan, al ser ingeridos, sulfuros, que a su vez se reflejan en un olor corporal más fuerte. Dentro de las verduras, las más ricas en azufre son el repollo, la coliflor, las coles de Bruselas….

Las especias picantes generan fuertes olores corporales.

También el ajo y la cebolla deben evitarse, por su alto contenido en azufre, si queremos que el olor corporal no sea fuerte.

El olor del sudor corporal será más pronunciado si consumimos con frecuencia cantidades apreciables de carnes rojas, de alcohol, de cafeína, chocolates o abusamos de los lácteos, los alimentos dulces y de la sal.

Por supuesto, la comida basura genera desagradables olores corporales, al igual que la comida altamente procesada, y las gominolas.

Hay medicamentos que en su metabolismo generan sustancias que se eliminan por la piel y acentúan el olor corporal haciendo que sea más fuerte.

Por el contrario disponemos de alimentos que mejoran y suavizan el olor corporal. Entre ellos se encuentran las verduras de hoja verde como las acelgas, las espinacas, el berro y el perejil.

Es importante ingerir suficiente cantidad de líquidos, sobre todo agua, para eliminar diluidas las toxinas y sus olores.

En cuanto a grasas, interesa tomar aceite de oliva y grasa proveniente de pescado. Las grasas trans y saturadas generan fuertes y desagradables olores corporales.

Por otra parte, los alimentos ricos en zinc (legumbres, espinacas, pepino, plátano, las semillas de calabaza y las de sandía desecadas). Tienen efecto desodorante.

Algunas hierbas, como la salvia, ayudan a reducir el exceso de transpiración (la salvia y otras hierbas tomadas en infusión).

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Las dietas no funcionan

Es muy frecuente oír,  a personas que llevan toda la vida probando dietas, que ninguna dieta funciona. Es posible.

Creemos que lo que realmente funciona es que aprendamos a alimentarnos bien, utilizando unos pocos conocimientos y mucho sentido común. Evitando, en primer lugar,  hacer caso de la publicidad engañosa.

Observa tu cuerpo; él te dirá los alimentos que le conviene tomar y los que digiere con dificultad.

Motívate: busca esas razones que tienes para mejorar tu alimentación. Puede ser mejorar tu salud, tu calidad de vida, verte mejor, estar más ágil, sentirte mejor contigo mismo…. Cada uno tiene las suyas. Encuentra las que tú tienes.

Busca personas con los mismos intereses que te sirvan de apoyo y ayuda. Invita a tus amigos y familiares a casa, y obséquiales con ricas y sanas comidas. Esto será bueno para ti, y para mantener buenas costumbres.

Necesitarás un mínimo de información:

-necesidad de consumir a diario frutas y verduras,

-mejor consumir verduras lo menos elaboradas posible,

-tomar fruta y zumos de fruta frescos, recién hechos en casa (los comprados NO SON ZUMOS),

-tomar aceites (de girasol o de oliva, y mejor de oliva extra-virgen), en lugar de mantequilla, margarinas y otras grasas saturadas,

-consumir mantequilla de forma excepcional, y desterrar de nuestra alimentación las margarinas y demás grasas sintéticas, y desde luego, excluirlas de los platos cocinados,

-tomar quesos sólo esporádicamente. Excluir de la dieta los mal llamados “quesos de fundir” o queso americano (no son quesos; son productos fabricados a partir de grasas saturadas),

-habituarse a consumir comidas sencillas, poco elaboradas, poco transformadas, lo más naturales posible,

-y, al comer fuera de casa, opta por aquello que puedas ver perfectamente (descarta purés, sopas, carnes picadas, croquetas, y todos aquellos alimentos picados o molidos, donde no se vea perfectamente lo que  vas a comer),

-come despacio, saboreando lo que comes y recreándote en sabores y texturas: con ello no solo aumentarás el placer de la comida, sino que darás tiempo a tu cuerpo para sentirse saciado y lleno y comerás cantidades menores.

Conocerás, seguramente, los últimos descubrimientos, que en realidad no son nada nuevo, sino puro sentido común: si a medida que aumenta la edad, disminuimos la ingesta de calorías en general (y de grasas y proteínas sobre todo), y hacemos ejercicio de forma regular, nuestro cuerpo envejecerá de forma más lenta y estaremos menos predispuestos a caídas, roturas, y enfermedades en general, prolongando la calidad de la vida al tiempo que la alargamos.

Esto no sólo es válido para las personas mayores: hasta la adolescencia la necesidad calórica  y de proteínas es muy alta, pero a partir de la edad adulta, esas necesidades van disminuyendo, y por ello, si de forma paulatina y muy poco a poco, vamos bajando la ingesta, estaremos mejorando nuestra vida y nuestra calidad de vida.

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Disfrutar la comida

Hay dos formas básicas de vivir la vida: disfrutándola o sufriéndola. Con las comidas pasa exactamente lo mismo: podemos tomarlas sufriendo todas y cada una de nuestras comidas (que son muchas a lo largo de una vida), o podemos disfrutarlas, saborearlas… DEPENDE DE TÍ.

Como resulta que es mucho más barato, rentable, positivo… disfrutar cada bocado que nos llevamos a la boca, vamos a gozar de todos esos momentos.

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¿Cómo lo haremos?

Es muy fácil:

Lo primero de todo es meternos esa idea en la cabeza: cada vez que comamos vamos a disfrutar y a saborear al máximo esos momentos.

Después vamos a cosas más prácticas: elegir aquello que nos gusta más, de todo lo que podemos elegir. Si prefiero las lentejas pequeñas a las grandes, pues tomaré las pequeñas. Nuestra Dieta Mediterránea tiene gran variedad de lentejas, legumbres, verduras, frutas….

Si me encantan los quesos fuertes muy curados y tengo el colesterol por las nubes, voy a eliminar las grasas saturadas, las “trans”, y casi todos los fritos de mi dieta para poder tomar un día un par de trocitos de mi queso fuerte favorito de aperitivo: y voy a saborearlo despacito, alargando esos momentos placenteros.

Si te encantan las patatas y el arroz, pero no la pasta, pues a por las patatas y el arroz. Nuestra dieta mediterránea te da mil recetas fáciles, prácticas y rápidas de estos alimentos.

Con las verduras y las frutas ocurre igual: tenemos una gran variedad, lo que nos permite tomarlas a diario sin cansarnos, sólo variando lo que tomamos o cómo lo hacemos.

Si te cuesta tomar fruta, prueba a prepararla en forma de macedonia, o  triturada. Una vez que te acostumbres a comerla, no prescindirás de ella aunque tengas que pelarla y no te guste hacerlo.

Rehoga, con una pizca de aceite y jamón picadito las judías verdes, si te cuesta tomar verdura, o bien prepara purés si te es más fácil consumirla así. Añade un hueso de jamón curado al caldo de los purés: les dará un sabor a prueba de niños y personas anti purés.

Eso sí: no digas voy a tomar pastelería industrial continuamente, porque es lo que me gusta (esas grasas “trans” o saturadas te destrozarán una dieta perfecta). Utiliza la cabeza y el sentido común para elaborar tu plan de alimentación, y siempre pon un detallito grato o un regalito para tus sentidos.

Si te gusta el dulce, no renuncies a ello. Hay cantidad de tartas de manzana muy fáciles de preparar (por ejemplo), sanas, buenas, y que engordan bastante menos que los dulces industriales. Haz un bizcocho de yogur casero….

De todo esto y mucho más, puedes encontrar en mi libro “Régimen Para Adelgazar Para Personas Que Se Quieren”, comprándolo ahora.

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