Las dietas no funcionan

Es muy frecuente oír,  a personas que llevan toda la vida probando dietas, que ninguna dieta funciona. Es posible.

Creemos que lo que realmente funciona es que aprendamos a alimentarnos bien, utilizando unos pocos conocimientos y mucho sentido común. Evitando, en primer lugar,  hacer caso de la publicidad engañosa.

Observa tu cuerpo; él te dirá los alimentos que le conviene tomar y los que digiere con dificultad.

Motívate: busca esas razones que tienes para mejorar tu alimentación. Puede ser mejorar tu salud, tu calidad de vida, verte mejor, estar más ágil, sentirte mejor contigo mismo…. Cada uno tiene las suyas. Encuentra las que tú tienes.

Busca personas con los mismos intereses que te sirvan de apoyo y ayuda. Invita a tus amigos y familiares a casa, y obséquiales con ricas y sanas comidas. Esto será bueno para ti, y para mantener buenas costumbres.

Necesitarás un mínimo de información:

-necesidad de consumir a diario frutas y verduras,

-mejor consumir verduras lo menos elaboradas posible,

-tomar fruta y zumos de fruta frescos, recién hechos en casa (los comprados NO SON ZUMOS),

-tomar aceites (de girasol o de oliva, y mejor de oliva extra-virgen), en lugar de mantequilla, margarinas y otras grasas saturadas,

-consumir mantequilla de forma excepcional, y desterrar de nuestra alimentación las margarinas y demás grasas sintéticas, y desde luego, excluirlas de los platos cocinados,

-tomar quesos sólo esporádicamente. Excluir de la dieta los mal llamados “quesos de fundir” o queso americano (no son quesos; son productos fabricados a partir de grasas saturadas),

-habituarse a consumir comidas sencillas, poco elaboradas, poco transformadas, lo más naturales posible,

-y, al comer fuera de casa, opta por aquello que puedas ver perfectamente (descarta purés, sopas, carnes picadas, croquetas, y todos aquellos alimentos picados o molidos, donde no se vea perfectamente lo que  vas a comer),

-come despacio, saboreando lo que comes y recreándote en sabores y texturas: con ello no solo aumentarás el placer de la comida, sino que darás tiempo a tu cuerpo para sentirse saciado y lleno y comerás cantidades menores.

Conocerás, seguramente, los últimos descubrimientos, que en realidad no son nada nuevo, sino puro sentido común: si a medida que aumenta la edad, disminuimos la ingesta de calorías en general (y de grasas y proteínas sobre todo), y hacemos ejercicio de forma regular, nuestro cuerpo envejecerá de forma más lenta y estaremos menos predispuestos a caídas, roturas, y enfermedades en general, prolongando la calidad de la vida al tiempo que la alargamos.

Esto no sólo es válido para las personas mayores: hasta la adolescencia la necesidad calórica  y de proteínas es muy alta, pero a partir de la edad adulta, esas necesidades van disminuyendo, y por ello, si de forma paulatina y muy poco a poco, vamos bajando la ingesta, estaremos mejorando nuestra vida y nuestra calidad de vida.

De todo esto y mucho más, puedes leer, comprando ahora mi libro “Régimen para adelgazar para personas que se quieren”.

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Disfrutar la comida

Hay dos formas básicas de vivir la vida: disfrutándola o sufriéndola. Con las comidas pasa exactamente lo mismo: podemos tomarlas sufriendo todas y cada una de nuestras comidas (que son muchas a lo largo de una vida), o podemos disfrutarlas, saborearlas… DEPENDE DE TÍ.

Como resulta que es mucho más barato, rentable, positivo… disfrutar cada bocado que nos llevamos a la boca, vamos a gozar de todos esos momentos.

¿Te interesa? Pues lee…

¿Cómo lo haremos?

Es muy fácil:

Lo primero de todo es meternos esa idea en la cabeza: cada vez que comamos vamos a disfrutar y a saborear al máximo esos momentos.

Después vamos a cosas más prácticas: elegir aquello que nos gusta más, de todo lo que podemos elegir. Si prefiero las lentejas pequeñas a las grandes, pues tomaré las pequeñas. Nuestra Dieta Mediterránea tiene gran variedad de lentejas, legumbres, verduras, frutas….

Si me encantan los quesos fuertes muy curados y tengo el colesterol por las nubes, voy a eliminar las grasas saturadas, las “trans”, y casi todos los fritos de mi dieta para poder tomar un día un par de trocitos de mi queso fuerte favorito de aperitivo: y voy a saborearlo despacito, alargando esos momentos placenteros.

Si te encantan las patatas y el arroz, pero no la pasta, pues a por las patatas y el arroz. Nuestra dieta mediterránea te da mil recetas fáciles, prácticas y rápidas de estos alimentos.

Con las verduras y las frutas ocurre igual: tenemos una gran variedad, lo que nos permite tomarlas a diario sin cansarnos, sólo variando lo que tomamos o cómo lo hacemos.

Si te cuesta tomar fruta, prueba a prepararla en forma de macedonia, o  triturada. Una vez que te acostumbres a comerla, no prescindirás de ella aunque tengas que pelarla y no te guste hacerlo.

Rehoga, con una pizca de aceite y jamón picadito las judías verdes, si te cuesta tomar verdura, o bien prepara purés si te es más fácil consumirla así. Añade un hueso de jamón curado al caldo de los purés: les dará un sabor a prueba de niños y personas anti purés.

Eso sí: no digas voy a tomar pastelería industrial continuamente, porque es lo que me gusta (esas grasas “trans” o saturadas te destrozarán una dieta perfecta). Utiliza la cabeza y el sentido común para elaborar tu plan de alimentación, y siempre pon un detallito grato o un regalito para tus sentidos.

Si te gusta el dulce, no renuncies a ello. Hay cantidad de tartas de manzana muy fáciles de preparar (por ejemplo), sanas, buenas, y que engordan bastante menos que los dulces industriales. Haz un bizcocho de yogur casero….

De todo esto y mucho más, puedes encontrar en mi libro “Régimen Para Adelgazar Para Personas Que Se Quieren”, comprándolo ahora.

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Quesomanía

Sin duda alguna todos hemos observado la gran cantidad de platos que cuentan con el queso como uno de los ingredientes importantes.

¿Por qué es esto? ¿Cuál puede ser el problema de consumir queso continuamente y en grandes cantidades?

¿Son realmente quesos todos ellos?…… así podemos seguir planteando muchas más preguntas.

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En primer lugar sabemos que los quesos se  manejan bien en la cocina, llenan mucho, tanto el plato como en el estómago, y permiten que se trabaje menos: muchas tapas y pinchos son un trozo de queso dispuesto sobre pan con dos adornos.

Llenan mucho porque contienen un porcentaje muy elevado de grasa, grasa animal en el caso de los quesos, y grasa ”trans” en el caso de los sucedáneos del queso (es decir grasa saturada mucho más perjudicial que la grasa animal). En ambos casos son alimentos que se deben consumir esporádicamente y en cantidades pequeñas, para no subir el colesterol ni los triglicéridos, ni castigar al hígado de manera gratuita. Además, los quesos contienen importantes cantidades de sal que, por una parte hacen que retengamos líquidos, y por otra, suben la tensión arterial (lo que es un argumento definitivo para que las personas con tensión arterial alta reduzcan al mínimo su consumo).

Por ello, el hecho de que se utilicen tanto, no debe llevarnos a consumirlos, sino a rechazarlos. Sólo de tarde en tarde podemos probarlos.

Cierto que los quesos forman parte de nuestra sana “Dieta Mediterránea”, pero para consumir en pequeñas cantidades, como aperitivo, o para terminar platos en pequeñas cantidades (gratinados: que no abundan en esta cocina).

El tiempo dedicado a la elaboración de cada plato en un restaurante, es uno de los elementos que más influyen en el precio (junto con la materia prima). Si reducimos ese tiempo preparando tapas y pinchos con pan y queso, estamos ganando dinero. Además, al poderse preparar tan rápido, no es necesario elaborarlos  con antelación: se van disponiendo sobre la marcha para que, además no queden restos.

Por otra parte, los quesos son productos que tienen una vida muy larga: se conservan bien mucho tiempo. No hay que estar pendiente de consumirlo rápidamente, como la carne y sobre todo el pescado. Y éste es un punto importante para el ahorro de un restaurante.

Otra cuestión a considerar, no menos importante, es la cantidad que tomamos en un solo pincho o tapa: excesiva.

Si te gusta el queso tómalo solo, saboreándolo, y dándote el placer de degustarlo sin otros acompañamientos que enmascaren su sabor, y poca cantidad. Y luego toma platos ligeros para compensar un bocado tan pesado.

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Canela

En nuestra cocina mediterránea, utilizamos muchas especias sin percatarnos, la mayor parte de las veces, de los beneficios que pueden reportarnos. Pues bien, hoy hablaremos un poco de esas virtudes desconocidas de la canela.

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Recientes estudios de investigación, ponen de manifiesto que el consumo diario de 1 a 6 gramos de canela, pueden ejercer un efecto beneficioso sobre el nivel de glucosa en sangre en personas que desarrollan diabetes en la edad adulta.

Estos descubrimientos requieren corroboración con un mayor número de estudios, pero no es el único beneficio.

También produce bajada de la presión arterial si se consume a diario una cucharadita de canela. Parece que la canela actúa mejorando la circulación sanguínea a todos los niveles. Por eso se recomienda su consumo para ello.

El efecto que tiene sobre el aparato digestivo se refiere sobre todo a la eliminación de gases y mejora en general del proceso de la digestión, que se activa con su consumo regular.

También debemos reseñar las importantes cantidades de calcio, hierro y de fibra que forman parte de su composición.

Siempre es mucho más sano tomar hierro, calcio, y todos los elementos que necesitemos con los alimentos y especias naturales, que en forma de medicación o de productos elaborados al efecto. Se asimilan mucho mejor y en más cantidad, sobre todo en el caso del hierro.

Se le atribuyen, además efectos antisépticos…

En cualquier caso, creemos que la canela debe formar parte de los especieros de nuestras cocinas, bien en polvo o en rama, y si la consumimos con frecuencia, mejorará nuestros platos, dulces sobre todo.

En nuestra repostería es imprescindible en muchísimos platos, entre los que citaremos el arroz con leche, la leche frita, las milhojas (tanto de crema como de merengue), los merengues, las natillas, la leche merengada, en infinidad de tartas…

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Comer en colores

Todos sabemos que una buena presentación y con colores bonitos juega  un papel importante en la aceptación de la comida. Esto es aún más interesante si hablamos de personas inapetentes o nuestro objetivo es habituar a los niños a tomar frutas y verduras.

¿Te interesa? … pues sigue leyendo…

Podemos elaborar platos llenos de color, muy bonitos, si mezclamos colores de forma atractiva en los platos principales o en la guarnición. Pongamos unos ejemplos:

1-Zanahoria rallada, aliñada con un buen aceite de oliva extra-virgen (y vinagre balsámico si nos gusta). Se puede decorar con perejil picado por encima.

2-Tomate troceado, dispuesto en capas concéntricas con aguacate, e igualmente aliñado con aceite de oliva extravirgen. Vinagre balsámico optativo.

3-Las espinacas crudas se pueden tomar en ensalada bien aliñada con aceite de oliva extravirgen y vinagre, balsámico o no. Por encima se pueden poner unas gambas o langostinos cocidos, o gambones (también cocidos) e incluso unos trocitos de pan frito.

Si tenemos tiras de pimiento rojo asado, también queda muy bien.

Todos esos preparados pueden alegrar un plato de pasta, de arroz,…

4-Si hacemos una tortilla de patata, se puede presentar sobre un lecho de lechuga, o de espinacas crudas, y adornada por encima con tiras de pimiento rojo asado, dispuesto de forma bonita.

5-Un plato con un filete de pescado quedará más atractivo si lo acompañamos de un tomate sabroso picadito, y bien aliñado, o unas verduras de distintos colores asadas o crudas (pimiento rojo y verde, setas, berenjena, brécol, calabacín).

6-Un plato de verduras asadas, o crudas de bonitos colores: zanahoria, pimiento (rojo y verde), brécol, alcachofas, espárragos, tomate, puede resultar un primer plato muy apetecible.

7-Las posibilidades de mezcla de colores para hacer un postre de ensalada de frutas es enorme: con un poco de zumo y azúcar, tendrás postres de lo más atractivos. O bien, dispuestas en forma de flor, acompañadas con yogur.

Ahora vamos a la segunda parte, lo positivo para la salud.

Las flavonas y antocianos son las sustancias responsables, en gran medida, de los colores que vemos en los vegetales, y de otros muchos efectos positivos para nuestra salud. Estas sustancias son antioxidantes, y por ello, previenen el envejecimiento de las células, son anticancerígenos (muy buenos para prevenir y luchar contra el cáncer), y tienen efectos diuréticos. Estas frutas y verduras de variados y brillantes colores son ricas en vitaminas, fibra, agua, sales minerales… por ello, además de colorear nuestra mesa, mejoran nuestra salud, si somos capaces de tomarlas de forma habitual, frescas, o poco elaboradas. Si, además, reducimos o evitamos las conservas, las grasas saturadas de todo tipo (sobre todo las trans), ingerimos suficiente cantidad de agua y hacemos ejercicio de forma regular, estaremos mejorando nuestra calidad de vida y ganando puntos para aumentar nuestro bienestar.

No es tal difícil que los niños participen en la preparación de platos jugando con los colores: aprenden cocina sana al tiempo que se divierten, e invierten en buenos hábitos.

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